sábado, 31 de enero de 2015

ORACION



Orar es un deber cristiano. Es buscar el encuentro con Dios abriéndonos al poder del Espíritu Santo, el maestro de la oración.

"Pero vosotros, queridos, edificandoos sobre vuestra santísima fe y orando en el Espíritu Santo, manteneos en la caridad de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna" (Epístola de San Judas, versos 20-21).

Querido hermano católico, cuánta riqueza tenemos a nuestro alcance al momento de orar. Tenemos por ejemplo la posibilidad de orar con los santos, como dice el Apocalipsis: 

"Y la nube de perfumes, con las oraciones de los santos, se elevó de las manos del ángel hasta la presencia de Dios.". (Ap 8, 4) 

Nos dice San Pablo: "Quiero, pues, que en todo lugar donde los hombres estén orando levanten al cielo manos limpias de todo enojo y discusión" (1Tm 2,8) La oración debe ser una práctica diaria, nuestro ejercicio preferido, pues es para la eternidad. "Los ejercicios deportivos no es que sirvan de mucho; la piedad, en cambio, es útil fuera de toda discusión, pues Dios le prometió la vida, tanto la presente como la futura. " (1 Tm 4, 8) 

Pero preguntémonos. ¿Le creemos al Señor? ¿Cuántas veces no hemos oído su promesa: "Pues donde están dos o tres reunidos en mi Nombre, allí estoy yo, en medio de ellos." (Mt 18,20)? Créele a Jesús. En cierta oportunidad nos reunimos en el trabajo a orar por unos compañeros que habían sido secuestrados, algo espantosamente frecuente en Colombia, mi país, e inmediatamente fueron liberados para Gloria de Dios. ¡Cuán maravilloso eres Señor, cuando nos acercamos a ti con la humildad debida! Tú nos lo dijiste: "Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡con cuánta mayor razón el Padre de ustedes, que está en el Cielo, dará cosas buenas a los que se las pidan! " (Mt 7,11) Eso sí, sin vacilaciones:

"Si alguno de ustedes ve que le falta sabiduría, que se la pida a Dios, pues da con agrado a todos sin hacerse rogar. El se la dará. Pero hay que pedir con fe, sin vacilar, porque el que vacila se parece a las olas del mar que están a merced del viento. Esa gente no puede esperar nada del Señor, son personas divididas y toda su existencia será inestable." (St 1, 5-8)

En resumen:

"Entonces, todo lo que pidamos nos lo concederá, porque guardamos sus mandatos y hacemos lo que le agrada." (1 Jn 3, 22)

Cuando se llega tarde a Misa, ¿se comete pecado?




Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. 

Pregunta:

Cuando se llega tarde a Misa, ¿se comete pecado? 

Respuesta: 

Estimado:

El precepto de la Iglesia relativo a la Misa dice: 'El primer mandamiento: Oír Misa entera los domingos y demás fiestas de precepto' (Catecismo n. 2042). 'Misa entera' indica la presencial corporal y la atención; esta presencia debe ser continua, es decir, que dure desde el principio al fin de la misa, de suerte que no cumpliría el precepto el que omitiera alguna parte 'notable' de la Misa. Dicho de modo más particular:

1) No cumple el precepto quien omite la consagración (por ejemplo saliendo fuera) aunque esté presente todo el tiempo antes y el todo el tiempo después. 

2) El que llega después del ofertorio. 

3) El que llega a la lectura del Evangelio y además se vas inmediatamente después de la comunión.

En los casos anteriores, evidentemente, me estoy refiriendo a una ausencia de la Misa sin causa justificada; no es el caso de los enfermos que por un motivo u otro deben salir de la Iglesia por razón de su enfermedad, o los padres que lo tienen que hacer por sus hijos, etc. 

Por eso, en definitiva lo que hay que atender más es al motivo por el cual no ha escuchado Misa. Puede ser que la negligencia por la cual llega tarde implique poca valoración del Santo Sacrificio de la Misa.

viernes, 30 de enero de 2015

4000 ARCHIVOS DE APOLOGETICA



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Todo  tipo de situaciones con la que se enfrenta el Católico hace necesario que este preparado para dar razone convincentes de su su fe, sabiendola defender de manera que no parezca un fanático irracional si no una persona consciente que sigue la verdad, y que esta verdad es un regalo para todo aquel que la busque con sinceridad.

La labor de defender la Fe es una obligacion de todos de la cual requiere de un arduo trabajo, donde siempre estaremos conscientes que la gracia de Dios es el principal elemento cuando se ejecuta esta Tarea, pues sin la gracia de Dios nada podemos hacer y esa gracia viene de Cristo: “El que permanece en mi, y yo en Él, da mucho Fruto, porque Separado de Mi, nada puede ser” (Juan 15,5)

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jueves, 29 de enero de 2015

¿Cómo se proclama a un santo?



Juan Pablo II, en todo su pontificado, ha canonizado a 296 santos, un número que bate todos los records en la historia de la Iglesia. El prefecto de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos, el arzobispo José Saraiva Martíns, ha explicado cómo han evolucionado en los últimos tiempos los procedimientos de las causas de canonización que han permitido este incremento.

"El procedimiento de las Causas de los Santos tuvo una estructuración orgánica con el Código de Derecho Canónico de 1917 --explica el arzobispo a los micrófonos de "Radio Vaticano"--. Después experimentó algunas modificaciones. 

Por ejemplo, Pío XI instituyó la Sección Histórica para las Causas Antiguas; Pablo VI unificó la fase diocesana y la fase apostólica, instituyendo un sólo proceso para el acopio de pruebas sobre la vida, virtudes, martirio o milagros. Después, el Concilio Vaticano II constató la exigencia de realizar una reforma más amplia, que tuviera en cuenta la colegialidad episcopal y los progresos de las ciencias tecnológicas. 

El actual pontífice ha tratado de responder a esta exigencia con la reforma de 1983, que prevé dos fases. En la primera, la diocesana, el obispo del territorio en que ha muerto el siervo de Dios --como es llamado el candidato a la gloria de los altares--, evalúa ante todo si goza de fama de santidad ante el pueblo y si está fama está fundada en una auténtica santidad de vida y obras. Una vez confirmado este dato, procede a recoger los escritos y toda la documentación que tiene que ver con la persona y actividad del siervo de Dios. 

Más tarde, con el "nihil obstat" de la Santa Sede, pasa a constituir una tribunal particular para recoger los testimonios de quienes han conocido al siervo de Dios. Todas las actas, documentales y testimoniales, son entonces enviadas a la Congregación vaticana para las Causas de los Santos que, en esta segunda fase, realiza un estudio muy profundo para confirmar si el siervo de Dios vivió las virtudes cristianas de manera heroica, o si su muerte puede ser considerada como un verdadero martirio, o si el presunto milagro es realmente un acontecimiento inexplicable para las leyes naturales. 

Estos exámenes son efectuados por consultores teólogos y después por cardenales y obispos, que son miembros de la Congregación vaticana para las Causas de los Santos. Su juicio es referido al Papa quien, si lo considera oportuno, ratifica la canonización". 

¿Cuál es la diferencia esencial que existe entre una beatificación y una canonización? "El objetivo de las beatificaciones y de las canonizaciones consiste en conferir la posibilidad de ofrecer culto litúrgico a los siervos de Dios --responde el arzobispo portugués--. Pero entre estas dos proclamaciones existe una diferencia importante. 

Con la beatificación, el Papa permite un culto limitado a los lugares o comunidades particulares, por ejemplo, a una diócesis u Orden religiosa. Con la canonización, el Santo Padre prescribe que un beato sea venerado como santo en toda la Iglesia. 

Además, la canonización es una sentencia definitiva, irreformable, sobre la santidad de la persona y es un pronunciamiento que compromete la autoridad suprema del Papa, tocando el dogma de la infalibilidad pontifica. Se trata de una opinión casi concorde entre los teólogos católicos".


viernes, 23 de enero de 2015

¿Es el sábado o el domingo el que debe respetarse?




Algunos de los no católicos tienen el sábado como día especial dedicado al Señor. Se basan en el Antiguo Testamento, donde el tercero de los diez mandamientos de la Antigua Alianza (porque la nueva solamente tiene dos: Mt 22, 37-40; Rm 13, 9) es respetar el sábado para dedicarlo al descanso y a Dios: 


"Acuérdate del día del Sábado, para santificarlo. Trabaja seis días, y en ellos haz todas tus faenas. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios. Que nadie trabaje: ni tú, ni tus hijos, ni tus hijas, ni tus siervos, ni tus siervas, ni tus animales, ni los forasteros que viven en tu país. Pues en seis días Yavé hizo el cielo y la tierra, el mar y cuanto hay en ellos, y el séptimo día descansó. Por eso bendijo el Sábado y lo hizo sagrado." (Ex 20, 8 a 11).

Hasta aquí (y en Ex 31, 12-13), es una memoria de la creación del mundo (Gn 2, 2-3). Pero hay un problema, porque esta explicación es distinta de la de Dt 5, 15, según el cual el sábado se guarda en memoria de la liberación de Egipto. Como en todos los casos de aparentes contradicciones en la Biblia, y entender que su sentido en realidad es otro, puesto que lo que se trata es de buscar su sentido teológico. Así, al examinar Ex 34, que contiene doce mandamientos, vemos que el descanso del sábado es de orden cultual puesto que todas esas órdenes tienen tal sentido. Sin embargo, al examinar las diferentes códigos legislativos del Pentateuco (código de la santidad, código de la alianza, código deuteronómico, etc.), es fácil concluir que los llamados "diez mandamientos" en sus dos versiones (Ex 20 y Dt 5) son conjuntos de leyes que deben reexaminarse a la luz del mensaje de Jesús en el Nuevo Testamento, puesto que la finalidad de la mayoría de esas leyes se ha cumplido y deben ser suprimidas o revisadas, como hizo Jesús expresamente (Mt 5, 20-37). Ello es patente cuando Jesús se declara Señor del Sábado y deroga esa ley (Mt 12, 1-21), sustituyéndola por la ley de la Misericordia.

Con Jesús comienza la Nueva Alianza según el signo que mostró en la Ultima Cena:

"“Esta copa es la alianza nueva sellada con mi sangre, que es derramada por ustedes”" (Lc 22, 20)

Bajo la Nueva Alianza, se mantiene el deber de consagrar el día al Señor pero se celebra el domingo, el día de la plenitud de la Nueva Alianza, de la Nueva Creación (el domingo es sagrado, se incurre en error si nos dedicamos a cosas mundanas el domingo). Ese día ocurrió el momento más importante con que comienza la Nueva Alianza: la Resurección de Nuestro Señor, ocurrida EN DOMINGO (Mt 28, 1; Mc 16, 1; Lc 24, 1; Jn 20, 1), pero además pasa lo siguiente:

Jesús ordenó conmemorar la fracción del pan (Lc 22, 19) y los apóstoles la hacían EN DOMINGO (Hch 20, 7; Hch 2, 42; 1 Co 16, 2). La fracción del pan fue importante desde el principio (1 Co 11, 17).

"Yo he recibido del Señor lo que a mi vez les he transmitido. El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió diciendo: “Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes; hagan esto en memoria mía.” De igual manera, tomando la copa, después de haber cenado, dijo: “Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Todas las veces que la beban háganlo en memoria mía.” Fíjense bien: cada vez que comen de este pan y beben de esta copa están proclamando la muerte del Señor hasta que venga." (1 Co 11, 23-26)

Por eso Pablo indica:

"Por tanto, que nadie los venga a criticar por lo que comen o beben, por no respetar fiestas, lunas nuevas o el día sábado. Tales cosas no eran más que sombras, mientras que lo real es la persona de Cristo." (Col 2, 16-17)

El libro del Apocalipsis, que se refiere a la Eucaristía, precisamente le fue revelado un domingo a San Juan (Ap 1, 10).

Por algo domingo significa "Día del Señor".

Quienes mantiene la observancia del sábado están viviendo la Antigua Alianza, la que hizo Dios con Israel. Los católicos observamos la Nueva Alianza, la de Jesucristo con todos y cada uno de nosotros.


martes, 20 de enero de 2015

¿Por qué debo confesarme con un sacerdote?




Responde el P. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E. 


Pregunta:

¿Por qué debo confesarme con un sacerdote? Gracias 


Respuesta: 

Estimado:
Porque así lo instituyó Jesucristo. 'A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados' (Jn 20,23)

Algunos dicen 'Yo me confieso a Dios directamente'; por ejemplo. los protestantes. Pero esto no basta. 

Porque Jesús ha dicho a sus apóstoles: 'A quienes perdonéis los pecados, les serán perdonados' (Jn 20,23). Con estas palabras autoriza y confía Jesús la práctica de la confesión sacramental a los sacerdotes. Y la historia del sacramento de la penitencia es la expresión progresiva de esta toma de conciencia en la Iglesia. 

¿Por qué Cristo ha elegido esta forma de perdón? Dios se complace en actuar a través de intermediarios: así actúa en el nacimiento, la cultura, el bautismo, la educación religiosa... Haciéndose nuestro confidente, el otro -el sacerdote- nos representa sensiblemente al Otro -Dios- Y ese diálogo con él aviva nuestra fe. 

Algunos piensan que es difícil confiarse a una tercera persona. Sin embargo, hay en el hombre un deseo innato de confiarse a alguien. A a falta de confesarse a un sacerdote, uno se confía al primero que llega. El éxito de los psiquiatras, psicólogos y consejeros de todo tipo se explica por esta necesidad (Mons. Gouyon). 

¿Pero no es el sacerdote también un pecador? Su absolución sigue siendo válida. 'Cuando Pedro bautiza es Jesús quien bautiza. Cuando Judas bautiza es Jesús quien bautiza' (San Agustín).
¡El que absuelve siempre es Cristo! En Él es el Padre quien acoge a su hijo y lo estrecha contra su corazón (Lc 15,11-32). 

Algunos objetan también que 'hay personas que se confiesan y no valen mas que los demás'. Pero, ¿qué sería de ellas sin la confesión? El Padre Foucauld, pese a sus dudas, aceptó en una ocasión confesar sus pecados. A partir de entonces su fe se fortaleció y su vida sufrió un profunda transformación. 

Cada vez se comulga más... y se confiesa menos. Las faltas graves parecen no ser un obstáculo para la comunión. No olvidemos la solemne advertencia de San Pablo: 'El que come el pan y bebe del cáliz del Señor indignamente, come y bebe su propia condenación' (1Co 11,27-29).

lunes, 19 de enero de 2015

Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo




Los católicos adoramos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Tres Personas en una sola, porque Dios es a la vez Hijo y Espíritu Santo. El Hijo que se convierte en carne mortal para con su sacrificio ofrecernos el perdón de los pecados y el Espíritu Santo que le une a Dios y que vela por la Iglesia envolviéndola en su cálido aliento divino.

Es lo que llamamos LA SANTÍSIMA TRINIDAD.

Dios es el Creador, el generoso Hacedor que nos da la vida y nos dio la libertad de disfrutarla como quisiéramos. Dios es Amor en estado puro, Dios es misericordia y piedad, el Creador que ofrece a los hombres su Alianza generosamente.

Cristo es el Hijo amado hecho carne para redimir con su sacrificio supremo el pecado del hombre. Cristo es la prolongación de la Alianza, su perfección absoluta porque nos abre a los hombres el Camino del Reino. Cristo es el perdón que nos une a las virtudes divinas por medio de la oración y la vida cristiana.

Espíritu Santo, que es la unión viva y eterna entre Cristo y nosotros, que nos envuelve con su cálido aliento divino otorgándonos el más precioso don que un hombre puede merecer: el conocimiento de Dios, el conocimiento de su propio origen. El Espíritu Santo es el centro de Hechos de los Apóstoles, ya que los orígenes de la Iglesia están acunados por su cálido aliento divino. Es el Espíritu el que alienta a los Apóstoles a emprender su misión por toda la Tierra. El Espíritu es la garantía viva y divina de la presencia de Dios en la Iglesia y en todo el Pueblo de Dios: nosotros mismos. 

El núcleo de nuestra Fe cristiana cuyos tres pilares fundamentales son uno sólo. El motor de nuestra doctrina que nace de los Evangelios donde se da cuenta escrita de la venida del Hijo que es resucitado de la muerte por el Padre y que envía a su Espíritu Santo para que envuelva en su cálido aliento divino a nuestra Iglesia, pues si Dios es nuestro Padre, la Iglesia, la obra de los hombres que se construyó por su designio, es nuestra madre.


miércoles, 14 de enero de 2015

¿A qué se denomina 'Antiguas Iglesias Orientales'?




Pregunta:

¿A qué se denomina 'Antiguas Iglesias Orientales'?

Respuesta:

Se llama así a las Iglesias locales que contestaron las fórmulas dogmáticas de los Concilios de Éfeso y Calcedonia.

Diferencias teológicas y lingüísticas movieron a los nestorianos a rechazar las verdades definidas en el Concilio de Éfeso. En efecto ellos afirmaban la tesis de la doble persona, humana y divina, de Cristo, unidas por un vínculo moral. Y por lo mismo rechazaban el título de 'Madre de Dios' dado a la Virgen. Ambas doctrinas fueron condenadas en el Concilio de Éfeso. Las iglesias que rechazaron este concilio son las llamadas Iglesias Asirias.

Por su parte, como doctrina anti nestoriana se levantó la tesis monofisita que rechazaba la doble naturaleza de Cristo, divina y humana, en su única Persona. Como esta verdad fue definida en el Concilio de Calcedonia, los monofisitas lo rechazaron. En este grupo se encuentra la Iglesia Apostólica Armenia, la Iglesia Copta de Egipto, la Iglesia Etiópica y la Iglesia Siro-Jacobita.

Como en su momento, fieles de estas iglesias permanecieron fieles a Roma o posteriormente se volvieron a unir a ella, cada una de ellas tiene su correspondiente católica. Así tenemos católicos asirios (caldeos), católicos armenios, coptos, etíopes y sirios (llamados así no meramente por su pertenencia a esos lugares sino por haber conservado también el rito propio).

Con todas estas iglesias separadas, ha reanudado la Iglesia Católica, aunque con modalidades distintas, las relaciones fraternas. Todas estas iglesias enviaron observadores delegados al Concilio Vaticano II, sus patriarcas han intercambiado visitas con el Papa, y -con expresión de Juan Pablo II- 'con ellos el Obispo de Roma ha podido hablar como con unos hermanos que, después de mucho tiempo, se reencuentran con alegría'.

Dice el Papa en la Encíclica Ut Unum Sint:

'La reanudación de las relaciones fraternas con las antiguas Iglesias de Oriente, testigos de la fe cristiana en situaciones con frecuencia hostiles y trágicas, es un signo concreto de cómo Cristo nos une a pesar de las barreras históricas, políticas, sociales y culturales. Precisamente en relación al tema cristológico, hemos podido declarar junto con los Patriarcas de algunas de estas Iglesias nuestra fe común en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre'.

Y destaca:

1-La declaración que firmó Pablo VI con Shenouda III, Papa de Alejandría y Patriarca Copto Ortodoxo en 1973

2-La declaración común firmada por Pablo VI con el Patriarca siro ortodoxo de Antioquía, Su Santidad Jacoub III e 1971.

3-La ratificación de estos acuerdos, con consecuencias para el desarrollo del diálogo con el Papa Shenouda y para la colaboración pastoral con el Patriarca siro de Antioquía Mar Ignacio Zakka I Iwas, en 1979 y 1984 respectivamente.

4-La visita del Patriarca de la Iglesia de Etiopía, Abuna Paulos, a Roma el 11 de junio de 1993, 'compartimos la fe transmitida por los Apóstoles, así como los mismos sacramentos y el mismo ministerio, que se remontan a la sucesión apostólica [...]. Hoy, además, podemos afirmar que profesamos la misma fe en Cristo, a pesar de que durante mucho tiempo esto fue causa de división entre nosotros'.

5-La Declaración Cristológica con el Patriarca Asirio de Oriente, Su Santidad Mar Dinkha IV en noviembre de 1994.

Recientemente es de destacar la Declaración Común de Su Santidad Juan Pablo II y Su Santidad Karekin II, Katholicós para los armenios el 27 de setiembre de 2001. Y también la decisión de permitir en algunos casos la recepción mutua de los sacramentos entre los fieles de la Iglesia Asiria y la Iglesia Católica.

Las diferencias teológicas que produjeron el cisma eran diferencias cristológicas, y como se puede ver, algunas de ellas han desaparecido totalmente, pues se trataba de diferencias de expresión, más que de concepto. Esto nos alienta a pensar que la total unión de estas iglesias con Roma no está en un futuro muy lejano.


sábado, 10 de enero de 2015

¿Qué clase de ejemplo es el rey David?




Sinopsis: Muchos creen que el rey David es importante para el cristianismo por ser una especie de santo, algo que nunca se ha sostenido. David es importante por su papel en el desarrollo del plan de Dios en la historia, y por ser instrumento divino con todos sus defectos y virtudes.

Nadie ha dicho que David haya sido un santo, pero muchas personas tiene esa imagen en mente. Sin duda David fue un profeta (Hch 2, 30) y un siervo de Dios (Hch 4, 25), cuya elección fue una bendición divina (CIC 1081) pero como hombre tuvo muchos aspectos negativos: cometió adulterio, destruyó ciudades con sus habitantes durante la guerra e hizo otras cosas malas, nada de lo cual oculta la Biblia (leer acerca del pecado en David en mercaba.org), sin embargo, David no es importante por el daño que hizo sino por las cosas que ayudó a realizar. 

El Catecismo nos describe así a David:

"David es, por excelencia, el rey "según el corazón de Dios", el pastor que ruega por su pueblo y en su nombre, aquél cuya sumisión a la voluntad de Dios, cuya alabanza y arrepentimiento serán modelo de la oración del pueblo." (Número 2579)

David fue un hombre útil para el cumplimiento de los designios de Dios, tal como resume un discurso de Pablo en el libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 13, 17-22). Eso no significa que David haya sido un dechado de virtudes, un santo, sino que David sirvió plenamente al designio de Dios. La Biblia es clarísima en señalar que las elecciones divinas no dependen de la calidad de la persona en quien recaen, aunque desde luego es importante la respuesta del elegido, lo mismo que Israel es el pueblo elegido no por que tuviera algún merecimiento especial, sino que el amor de Dios así lo decidió. Así se lo expresa Yavé a Moisés: 

“Toda mi bondad va a pasar delante de ti, y yo mismo pronunciaré ante ti el Nombre de Yavé. Pues tengo piedad de quien quiero, y doy mi preferencia a quien la quiero dar.” (Ex 33, 19)

Y David es conciente de su falta de merecimientos:

"Entonces el rey David fue a sentarse ante Yavé: “¿Quién soy yo Señor Yavé? ¿Qué es mi familia para que me hayas conducido hasta acá? Pero eso te parece todavía muy poco, Señor Yavé, ya que ahora extiendes tus promesas a la familia de tu servidor para un futuro lejano; ¿es ese un destino normal para un hombre, Señor Yavé? " (2 S 7, 18-19)

En el caso de David, la alianza de Dios no no le tenía como fin a David mismo, sino a la humanidad (2 S 7, 12-16).

A David hay que colocarlo en su tiempo, al menos mil años antes de nuestra era. Nosotros actualmente tenemos la revelación plena en Jesucristo, pero en ese entonces la revelación aún estaba en marcha. David era un hombre arcaico en sus cosas, un hombre de campo formado como pastor de animales, pero con un inmenso amor a Dios. Cuando los amalecitas saquearon Siquelag en Judá, la ciudad que los filisteos dieron a David, y se llevaron a sus habitantes, o sea a las familias de sus guerreros, David los recupera mediante una osada incursión y masacra a toda la banda de atacantes sin perdonar ni uno solo, comportándose en la forma primitiva de la época, excepto porque, en atención a Yavé, el botín no se reparte en forma más favorable para los que combatieron superando su inmenso cansancio, sino que lo reparte entre todos por igual ("El combatiente y el que custodia el equipaje tendrán partes iguales” dice), e incluso envía regalos a nombre de Yavé a los lugares que había frecuentado con sus hombres (1 S 30).

A David se le encargó ser pastor de Israel (2 S 5, 2), y en tal calidad sometió la tierra prometida, dejando como capital a Jerusalén, en la cual más tarde su hijo Salomón construyó el templo. La elección de Jerusalén, ciudad tomada a los jebuseos apenas fue reconocido como rey por todas las tribus, fue un acto de enorme inteligencia, pues era un sitio políticamente neutral frente a las ellas (al norte la capital era Siquén, y al sur Hebrón). Con David, por primera vez todas las tribus se unen y resulta una nación de creyentes en Yavé, la cual comienza a ver cómo toda su historia es la historia de la acción de Dios; empiezan a entender el sentido de la historia patriarcal, la salida de Egipto con Moisés, etc.. Habiendo heredado la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo de David es uno solo alrededor de Dios; es David quien organiza el culto alrededor del arca de la alianza, la cual es llevada a Jerusalén luego de ser recuperada a los filisteos. 

En su reinado, David no tuvo corte, ni esclavos, ni sometió al pueblo a servir en su ejército. En cambio, fue un rey que trató de dispensar justicia.

Con el tiempo, la imagen de David servirá para recordar el amor de Dios por su pueblo, la fidelidad a la Alianza, que se realiza en el "Hijo de David", Jesús, en quien se cumplen las promesas hechas al segundo rey de Israel y conquistador de Jerusalén, y la manera en que Dios obra en la historia. Y también servirá para entender que, tal como somos, podemos prestar los mayores servicios a la humanidad para gloria de Dios. 

Desde luego, lo que se ha manifestado es apenas un bosquejo para invitar a conocer más acerca del rey David.

El pensamiento mágico y su relación con las sectas


En muchas sectas y nuevos movimientos religiosos, así como también en varias de las disciplinas promovidas por la New Age, o Nueva Era, puede observarse que subyace una fuerte concepción mágica. En muchos casos, esta concepción está también presente en algunos católicos, y se manifiesta de distintas formas. Esto puede hacer que sean más susceptibles de acercarse a las sectas

La creencia popular en la magia y el temor atávico frente a la posibilidad de un maleficio, es explotado por numerosos nuevos movimientos religiosos (NMR), de características sectarias, y los anuncios clasificados de los periódicos dan sobrada prueba de ello. Lamentablemente, en los últimos años se registra un verdadero aumento, de este tipo de pensamiento y, en mayor o menor medida, casi toda la sociedad tiene algún elemento o responde a ciertos hechos con un carácter mágico. 

Esto es fácilmente observable, con tan sólo agudizar un poco la mirada. Lo vemos en los adolescentes que, al obtener un boleto capicúa, creen que ese día van a ser coronados por la suerte; lo vemos en la cinta colorada, atada en derredor de la muñeca, para contrarrestar la envidia o el mal de ojo; en el niño que camina tratando de no pisar las rayas de las baldosas, porque le traería mala suerte; en el adulto que se coloca una corbata de un color específico para buscar trabajo o solicitar un aumento de sueldo; en la señora que, religiosamente, lee su horóscopo de cada día; en ciertas oraciones que se publican en los clasificados de los periódicos; o en el espejo del ciertos coches donde encontramos la cinta colorada, la ristra de ajo y los cuernitos, todo ello muy ecuménicamente agrupado.

También podemos observar estas actitudes en la deformación de lo religioso, cuando se lleva la medalla, la estampa o el rosario no como un sacramental, sino como un amuleto; en los que promueven cadenas de oración a través de correos electrónicos, exigiendo que se envíen un determinado número de copias para que lo solicitado se cumpla, anulando así el don de gratuidad de Dios y pretendiendo manejarlo como un simple títere; o en aquellos que toman las Sagradas Escrituras como un libro oracular, abriendo la Biblia en cualquier lado y al azar, tomando la lectura de un versículo descontextuado como un mensaje personal de Dios. 

¿consecuencias?

En el mejor de los casos, sólo pierden tiempo y dinero; en otros, se puede perder también la vida del cuerpo y del alma.

viernes, 9 de enero de 2015

El gesto de Juan Pablo II al pedir perdón



VATICANO, 11 Mar. (ACI).- Un grupo de destacados historiadores y teólogos analizó el pedido de perdón papal, cuestionando la exagerada promoción de los medios a un gesto que no es inédito en el Santo Padre y que, según afirmaron, debería motivar similares actitudes en numerosos grupos.


En los últimos días, la prensa mundial ha dedicado páginas enteras a llamar la atención sobre el Día del Perdón como el "esperado" mea culpa de la Iglesia Católica por los errores de sus hijos, sin recordar que cuando se trata de pedir perdón el Papa Juan Pablo II siempre ha llevado la delantera.

Según los expertos entrevistados por Catholic News Service, en sus 21 años de Pontificado, Juan Pablo II ha pedido disculpas a distintos grupos -incluyendo a indígenas, iglesias cristianas y mujeres- en más de cien ocasiones. Las expresiones de pesar siempre fueron incondicionales, y la Iglesia nunca esperó encontrar pedidos de perdón similares como respuesta.

"El 'mea culpa' de la Iglesia es absoluto. Nadie pide un intercambio, pero me parece que sirve como un reto para otros que deben hacer un similar examen de conciencia", explicó el historiador italiano Franco Cardini.

El mismo Juan Pablo II llamó la atención en 1997 sobre cómo "la Iglesia y el Papa son los que siempre piden perdón, mientas otros permanecen callados". "Tal vez esa sea la forma en que las cosas se tienen que dar", afirmó.

En efecto, el Papa pedirá mañana domingo perdón por errores pasados de los católicos en una Misa especial después de publicar un extenso documento titulado "Memoria y Reconciliación" que fue escrito por la Comisión Teológica Internacional. 

Así, mientras los medios de comunicación se han concentrado en cuestionar si la Santa Sede ha sido lo suficientemente específica en su pedido de perdón, una rápida mirada a lo que el papa ha hecho en los últimos años revelan muchos puntos específicos:

- Sobre la Inquisición: en 1982 Juan Pablo II se refirió a los "errores de exceso" y en varias ocasiones ha condenado el uso de "la intolerancia y hasta la violencia en el servicio de la verdad" de los inquisidores.

- Sobre el Holocausto: en 1997 expresó su pesar por las conciencias adormecidas de algunos cristianos durante el Nazismo y la inadecuada "resistencia espiritual" de otros grupos ante la persecución de los judíos. En 1998 el Vaticano publicó un documento sobre el Shoah, palabra hebrea usada para el Holocausto, expresando pesar por los mismos problemas morales.

- Sobre las Cruzadas: en 1995 caracterizó las expediciones armadas como errores. 
Alabó el celo de los cruzados medievales pero afirmó que ahora debíamos "dar gracias a Dios" por el diálogo y no recurrir a las armas.
- Sobre los pueblos nativos: en 1985 pidió disculpas a los africanos por la forma en la que fueron tratados en los siglos recientes. En Estados Unidos en 1984 pidió perdón por los excesos de los misioneros y en 1987 reconoció que los cristianos estuvieron entre los que destruyeron la forma de vida de los indios. 

- Sobre el ecumenismo: el Papa ha hablado en varias ocasiones del perdón mutuo entre las iglesias cristianas separadas. En 1995, pidió disculpas "en nombre de todos los católicos, por los errores ante los no católicos a lo largo de la historia".

- Sobre las mujeres: en una carta de 1995 que examinó brevemente la discriminación histórica de las mujeres, el Papa afirmó que dentro de los responsables se encontraban "no pocos miembros de la Iglesia", algo que lamentaba profundamente.

El Papa ha tenido similares pronunciamientos sobre la esclavitud y el racismo, la cercanía con el poder político dictatorial, y hacia teorías científicas como las de Galileo, que fue condenado por decir que la Tierra giraba alrededor del sol.

Con éstas y otras "disculpas" en el registro de Juan Pablo II, algunos líderes de la Iglesia buscan cierta compañía -en algún sentido-, esperando que el pedido de perdón contagie a otros en el espíritu del Jubileo.

El Padre Bruno Forte, uno de los teólogos que colaboró en la redacción de "Memoria y Reconciliación", explicó que el documento toca un nervio cuando observa que el reconocimiento de las faltas ha sido por mucho tiempo unilateral.

El historiador Cardini afirmó, pro su parte, que sería gratificante, por ejemplo, escuchar expresiones de pesar por parte de la Reina de Inglaterra ante el tratamiento que se les dio a los católicos en su país, sin mencionar las numerosas persecuciones contra los líderes católicos en Francia, España y México. 

"Un examen de conciencia, o para usar un término menos católico, una reflexión histórica podría ser realizada por las iglesias protestantes que tuvieron sus propios problemas con los católicos o por los líderes ortodoxos rusos que el pasado apoyaron las acciones represivas del gobierno zarista", indicó Cardini.

El historiador agrega que "tal vez los musulmanes deberían hacer su propia reflexión sobre las numerosas guerras santas proclamadas en el pasado" e indica que actualmente, China podría comenzar a trabajar en su apología por el actual trato que da a la Iglesia Católica.


jueves, 8 de enero de 2015

¿Pueden ser pecado mortal las faltas contra el projimo?



Efectivamente, hay faltas contra el prójimo que pueden ser pecados mortales. Pero para comenzar es importante ver la diferencia entre pecado mortal y pecado venial.

Pecado mortal es una transgresión voluntaria y consciente de la ley de Dios en materia grave. Y el pecado venial sería la misma transgresión voluntaria y consciente de la ley de Dios, pero en material leve. Para entender mejor la diferencia entre el pecado mortal y el venial podemos usar el ejemplo de una persona que va caminando en una dirección determinada hacia un punto determinado. El pecado mortal es como si la persona cambiara de rumbo de tal manera que quedara completamente de espaldas a la meta hacia la cual se dirigía. Sin embargo, cometer pecado venial es como si la persona se desviara del camino, tomando otros pasajes, pero que -aunque desviada- no pierde la orientación que llevaba hacia la meta a la cual se dirigía.

He aquí lo que nos decía el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostólica “Reconciliación y Penitencia” sobre el pecado mortal: “Llamamos pecado mortal al acto mediante el cual el hombre, con libertad y conocimiento, rechaza a Dios, su Ley, la alianza de amor que Dios le propone, prefiriendo volverse a sí mismo, a alguna realidad creada y finita, a algo contrario a la voluntad divina. Esto puede ocurrir de modo directo y formal, como en los pecados de idolatría, apostasía y ateísmo; o de modo equivalente, como en todos los actos de desobediencia a los mandamientos de Dios” (R et P #17).

Veamos, entonces, qué faltas contra el prójimo pueden caer en la categoría de materias graves. En general, se consideran pecados mortales contra el prójimo aquellas faltas que perjudican gravemente a los demás en su vida (como el asesinato), en su salud (haciendo algún daño a su cuerpo), en su honra (calumniándolo o difamándolo) o en su fortuna (con el robo). 

Ahora bien, ¿quién es el prójimo? Prójimo (próximo) es toda criatura de Dios que es capaz de llegar a la gloria eterna. Y como los únicos incapaces de llegar a la gloria eterna son los demonios o las almas condenadas, tenemos que incluir como prójimo a todos los seres humanos, sin excepción, quienes -por estar vivos- aun tienen acceso a la salvación. No importa si son pecadores o santos, ateos o creyentes, buenos o malos. Todos son nuestros prójimos y a todos tenemos que amarlos como a nosotros mismos. Esa es la ley de Dios, e infligirla es pecado.

Clasificación especial ameritan los prójimos que consideramos “enemigos”. A esos también hay que amar. No significa esto que hay que amar a los enemigos con afecto sensible, como amamos a los amigos. Pero el amor a los enemigos sí nos obliga a tener con éstos los signos comunes de educación, orar por ellos e inclusive ayudarlos cuando estén en necesidad, si se presentara la ocasión.

La venganza, y el deseo de venganza y el odio son pecados mortales.. El odio y el deseo de venganza son pecados interiores, a veces expresados exteriormente, que están muy relacionados entre sí. Consisten estos dos en desearle mal a alguien y/o alegrarse de ese mal. En la venganza ya interviene la acción, pues se busca el mal de alguien o se le hace daño, recurriendo a diversos recursos: abiertos u ocultos, directamente o por medio de terceros. 

Mención especial merece la envidia, ese pecado tan repugnante, usualmente escondido. Es un pecado grave contra la caridad que consiste en considerar el bien del prójimo como un mal para uno. Es muy fácil pasar de la envidia al odio, a desear el mal o a causar el mal a la persona envidiada. Y cuando la envida se refiere a los bienes espirituales del prójimo es, además, un pecado gravísimo contra Dios, el cual distribuye sus dones según conviene a la santificación de las almas.

Pio IX y los Judíos por un rabino en Roma


CIUDAD DEL VATICANO.- Contrariamente a las insinuaciones realizadas por una campaña de prensa que ha tenido lugar en días recientes (cf. ZS00072006), Pío IX fue un pontífice muy querido por el mundo judío, hasta el punto de que, en 1847, Mosè Israel Kazzan, quien en aquel entonces era rabino jefe de la Universidad israelita de Roma, dedicó un salmo y una oración al «glorioso e inmortal» Pío IX.


El salmo dice así: «Tú, oh gran Dios de los ejércitos, cuando todo un pueblo pone todo su orgullo en obrar rectamente, le concedes un rey que sea tierno, un príncipe que te represente dignamente». El monarca al que se refería Kazzan era, Giovanni Maria Mastai Ferretti, Pío IX (1792-1878), quien en aquel entonces era también la máxima autoridad de los independientes Estados Pontificios.

Por lo que se refiere a la obra de Pío IX en relación con los judíos, Kazzan escribió: «Demostró su piedad por un pueblo envilecido, un pueblo emigrado, disperso y perseguido». «Ante el mundo», añade, «le quito del vituperio de las gentes, pues tú querías su restauración, ¡oh, Eterno!».

El salmo de Kazzan concluye así: «Dígase en las islas más remotas con cuánta gloria gobierna Pío IX, cómo administra la justicia con exactitud, cómo brilla de esplendor todo el orbe por él».

A Pío IX se debe, entre otras cosas, el final del «ghetto» judío de Roma, un barrio que había sido reservado particularmente a los habitantes judíos de la Ciudad Eterna. Él mismo mandó hombres a defender a los judíos ante la ira las personas que se sintieron irritadas por esta decisión del pontífice y pidió que los hebreos dejaran de ser considerados como «extranjeros».

Juan Pablo II beatificará a Pío IX y a Juan XIII en una ceremonia que tendrá lugar el próximo 3 de septiembre.

Descendió a los infiernos



En el Credo de los Apóstoles proclamamos que Cristo "descendió a los infiernos". ¿Que significa?

Este Credo, formulado en el siglo V, se refiere al descenso del alma de Cristo, ya separada del cuerpo por la muerte, al lugar que también se llama "sheol" o "hades". El Cuarto Concilio Lateranense, en el 1215, definió esta doctrina de Fe. 

En este caso "infierno" no se refiere al lugar de los condenados sino que es "el lugar de espera de las almas de los justos de la era pre-cristiana" (Ott, p. 191). Entre la multitud de justos allí esperando la salvación, estaba San José, los patriarcas y los profetas, como todos aquellos que murieron en paz con Dios. Todos necesitaban, como nosotros, la salvación de Cristo para poder ir al cielo.

Vea en las Sagradas Escrituras: Hehos 2,24; 2,31; Flp 2, 10, 1 Pedro 3,19-20, Ap 1,18, Ef 4,9.

Padres de la Iglesia que enseñaron esta doctrina incluyen: San Justino, San Ireneo, San Ignacio de Antioquía, Tertuliano, San Hipólito, San Agustín.

Santo Tomas Aquino enseña que el propósito de Cristo en descender a los infiernos fue liberar a los justos aplicándoles los frutos de la Redención (S. Th. III, 52, 5).

El Catecismo de la Iglesia Católica sobre esta doctrina:

CRISTO DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS

632 Las frecuentes afirmaciones del Nuevo Testamento según las cuales Jesús "resucitó de entre los muertos" (Hch 3, 15; Rm 8, 11; 1 Co 15, 20) presuponen que, antes de la resurrección, permaneció en la morada de los muertos. Es el primer sentido que dio la predicación apostólica al descenso de Jesús a los infiernos; Jesús conoció la muerte como todos los hombres y se reunió con ellos en la morada de los muertos. Pero ha descendido como Salvador proclamando la buena nueva a los espíritus que estaban allí detenidos.

633 La Escritura llama infiernos, sheol o hades a la morada de los muertos donde bajó Cristo después de muerto, porque los que se encontraban allí estaban privados de la visión de Dios. Tal era, en efecto, a la espera del Redentor, el estado de todos los muertos, malos o justos, lo que no quiere decir que su suerte sea idéntica como lo enseña Jesús en la parábola del pobre Lázaro recibido en el "seno de Abraham". "Son precisamente estas almas santas, que esperaban a su Libertador en el seno de Abraham, a las que Jesucristo liberó cuando descendió a los infiernos". 

Jesús no bajó a los infiernos para liberar allí a los condenados ni para destruir el infierno de la condenación, sino para liberar a los justos que le habían precedido.

634 "Hasta a los muertos ha sido anunciada la Buena Nueva..." (1 P 4, 6). El descenso a los infiernos es el pleno cumplimiento del anuncio evangélico de la salvación. Es la última fase de la misión mesiánica de Jesús, fase condensada en el tiempo, pero inmensamente amplia en su significado real de extensión de la obra redentora a todos los hombres de todos 605 los tiempos y de todos los lugares porque todos los que se salvan se hacen partícipes de la Redención. 

635 Cristo, por tanto, bajó a la profundidad de la muerte para "que los muertos oigan la voz del Hijo de Dios y los que la oigan vivan". Jesús, "el Príncipe de la vida" (Hch 3, 15), aniquiló "mediante la muerte al señor de la muerte, es decir, al diablo y libertó a cuantos, por temor a la muerte, estaban de por vida sometidos a esclavitud" (Hb 2, 14-15). En adelante, Cristo resucitado "tiene las llaves de la muerte y del Hades" (Ap 1, 18) y "al nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos" (Flp 2, 10).

Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido y ha despertado a los que dormían desde hace siglos ... En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. 

Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él ... Y, tomándolo de la mano, lo levanta diciéndole: "Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo". Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti ... 

Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto".

EPÍCLESIS




Del griego epíklesis (verbo epikaléin = invocar sobre). Como no es posible ninguna liturgia sin la presencia de] Espíritu Santo, la epíclesis es una dimensión fundamental de toda celebración litúrgica. Y puesto que el Espíritu Santo está presente y actúa en la vida de la Iglesia, su presencia y su acción se requiere para la vida de los miembros del Cuerpo de Cristo, especialmente donde esta vida se constituye, crece y se desarrolla, es decir, en la acción litúrgico-sacramental. En todo sacramento o acción litúrgica, en cuanto acontecimientos de culto de la nueva economía de salvación «en espíritu y en verdad", siempre está presente el Espíritu Santo actuando en plenitud: siempre tiene lugar la introducción del Espíritu Santo por medio de su presencia invocada (epíclesis).

En la eucaristía se invoca al Espíritu para que queden consagrados los dones ofrecidos, el pan y el vino, es decir, para que se conviertan en el cuerpo y la sangre de Cristo. Y para que la víctima inmolada, que se recibe en la comunión, ayude a la salvación de los que participan de ella y actúe sobre la comunidad eclesial celebrante, se invoca por segunda vez al Espíritu. En la participación en los santos misterios la asamblea puede entonces afianzar cada vez más su propia unidad con Cristo y en la relación mutua, alcanzando el fruto más grande de gracia y santificación. De esta manera los dos efectos (objetivo sobre los dones y subjetivo en los participantes) se sitúan en estrecha dependencia con el Espíritu invocado.

Aunque en el canon romano no hay una mención explícita del Espíritu Santo, hay sin embargo plegarias análogas que insisten especialmente en la idea de ofrenda del sacrificio. Los orientales atribuyen a la epíclesis eucarística un valor propiamente consecratorio, mientras que los occidentales atribuyen sobre todo a las palabras de la institución de la eucaristía la virtud de transformar los elementos del pan y del vino en el cuerpo y la sangre del Señor. Hay que subrayar además la acción del Espíritu en las otras epíclesis sacramentales y plegarias litúrgicas.

En todo sacramento o acción litúrgica está siempre presente el Espíritu actuando en su plenitud. La celebración es el lugar por excelencia en el que se invoca y se da al Espíritu Santo. En la bendición del agua bautismal se pide al Padre que infunda «por obra del Espíritu Santo la gracia de su único Hijo". Y se le pide también que «descienda a esta agua la virtud del Espíritu Santo" En la confirmación se invoca al Padre para que infunda el «Espíritu Santo Paráclito: espíritu de sabiduría, de entendimiento, espíritu de consejo, de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad". Y lo que se da entonces como don es «el sello del Espíritu Santo". En el sacramento de la penitencia el ministro pide a Dios, «Padre de misericordia que... derramó el Espíritu Santo para remisión de los pecados», que conceda al penitente el perdón y la paz. En la unción de los enfermos, cuando hay que bendecir el óleo, se pide a Dios, Padre de todo consuelo, que envíe desde el cielo al «Espíritu Santo Paráclito». Y durante la unción se dice: «Por esta santa unción y su piadosísima misericordia te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo» Pero es sobre todo en los ritos de ordenación donde se pone de relieve la acción del Espíritu en las epíclesis consecratorias. Sobre el obispo: «Derrama ahora sobre este elegido la fuerza que viene de ti, Padre, tu Espíritu que lo gobierna y lo guía todo: tú lo diste a tu querido Hijo Jesucristo y lo transmitiste a los santos apóstoles...". Sobre el presbítero: « Renueva en él la efusión de tu Espíritu de santidad". Sobre el diácono: «Derrama en él al Espíritu Santo, que lo fortifique con los siete dones de tu gracia, para que cumpla fielmente la obra del ministerio".

Por lo demás, no puede haber acción consecratoria sin la invocación del Espíritu Santo, asociada al gesto apostólico de la imposición de manos.

Se puede concluir entonces que toda auténtica acción litúrgica es epíclesis del Espíritu, epifanía del Espíritu, sacramento del Espíritu.

DOGMA




Dogma según el diccionario de la lengua española:



1. Proposición que se asienta por firme y cierta y como principio innegable de una ciencia.
2. Doctrina de Dios revelada por Jesucristo a los hombres y testificada por la Iglesia.
3. Fundamento o puntos capitales de todo sistema, ciencia, doctrina o religión.
Los dogmas son aquellas doctrinas que la Iglesia propone para ser creídas como formalmente reveladas por Dios. Los dogmas pertenecen al depósito de la fe de una manera irreversible. 

Una doctrina se reconoce como dogma por una de las siguientes razones:

1- Ha sido solemnemente definida como tal por el Magisterio de la iglesia. Esto puede ocurrir en un Concilio Ecuménico o por un pronunciamiento ex cathedra del Papa. (Ejemplo: La Inmaculada Concepción de María)
2- Ha sido enseñada como tal por la Tradición invariable de la Iglesia y no requiere ser proclamada dogmáticamente. (Ejemplo: La condena al aborto)

Negar algún dogma significa negar la misma fe, pues supone negar la autoridad de Dios, que lo ha revelado. 

De Nuestro Correo

La Biblia no toca el tema de la asunción de María. Por eso tengo dudas. 

RESPUESTA



Estimado en Cristo:

La revelación se encuentra no solo en La Biblia sino también en La Tradición Apostólica. Para que la revelación sea interpretada correctamente, Jesús nos dio un MAGISTERIO. El Papa y los obispos, sucesores de los Apóstoles, continúan esa misión hasta la segunda venida del Señor.El Catecismo #76-78 nos recuerda lo que siempre ha enseñado la fe Cristiana:

La transmisión del evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras:
— oralmente: "los apóstoles, con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó"; 
— por escrito: "los mismos apóstoles y otros de su generación pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo" (DV 7).

"Para que este Evangelio se conservara siempre vivo y entero en la Iglesia, los apóstoles nombraron como sucesores a los obispos, 'dejándoles su cargo en el magisterio'" (DV 7). En efecto, "la predicación apostólica, expresada de un modo especial en los libros sagrados, se ha de conservar por transmisión continua hasta el fin de los tiempos" (DV 8).

Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo es llamada la Tradición en cuanto distinta de la Sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella. Por ella, "la Iglesia con su enseñanza, su vida, su culto, conserva y transmite a todas las edades lo que es y lo que cree" (DV 8). "Las palabras de los Santos Padres atestiguan la presencia viva de esta Tradición, cuyas riquezas van pasando a loa práctica y a la vida de la Iglesia que cree y ora" (DV 8).

Basarse SOLO en la Biblia como fuente de revelación es un ERROR. Para conocer toda la revelación necesitamos la Biblia Y la Tradición Apostólica.

La doctrina de La Asunción de la Virgen María al cielo en cuerpo y alma no aparece explícitamente en la Biblia. Pero si es parte de la Tradición Apostólica y ha sido proclamada formalmente como dogma por el magisterio de la Iglesia. Esto nos da la certeza de que es verdad revelada por Dios.

Padre Jordi Rivero

miércoles, 7 de enero de 2015

¿Cómo es que Dios está en todas partes?




Cómo entender la omnipresencia de Dios. Qué significa que el mal sea ausencia de Dios.

¿Cómo es que está Dios en todas partes? ¿Significa que cada uno de nosotros está "dentro" de Dios? Y si Dios está en todas partes, ¿cómo es que en el mal hay ausencia de Dios?

Ciertamente, cada uno de nosotros no es físicamente una parte de Dios, por cuanto Dios no es divisible (o no sería Dios pues goza del atributo de la unidad, ni tampoco somos Dios sino creaturas suyas imperfectas pero libres). Si yo pateo una piedra, claramento no estoy pateando a Dios ni a un fragmento de El. Existimos dentro de la creación, obra de Dios, sin que seamos partes de El, pues su infinitud no se mide físicamente; pensar a Dios en términos de medidas humanas es querer someterlo a nuestro entendimiento. Pero ocurre que Dios sí está en todas partes, aunque en un sentido distinto. Para empezar Dios está en todas partes como presencia de conocimiento. Dijo Jesús:

"No hay nada escondido que no deba ser descubierto, ni nada tan secreto que no llegue a conocerse y salir a la luz." (Lc 8, 17) 

Y agrega en otra parte:

"Por el contrario, todo lo que hayan dicho en la oscuridad será oído a la luz del día, y lo que hayan dicho al oído en las habitaciones será proclamado desde las azoteas." (Lc 12, 3)

Significa que Dios ve todo. Ello se resume en el siguiente versículo: 

"Y me dije a mí mismo: "Ante él están las obras de cada uno, y nada escapa a su mirada." (Sir 39, 19) 

Dice el salmista:

"¿A dónde iré lejos de tu espíritu, 
a dónde huiré lejos de tu rostro?
Si escalo los cielos, tú allí estás,
si me acuesto entre los muertos,
allí también estás.
Si le pido las alas a la aurora
para irme a la otra orilla del mar,
también allá tu mano me conduce
y me tiene tomado tu derecha.
Sí digo entonces:
"¡Que me oculten, al menos, las tinieblas
y la luz se haga noche sobre mí!"
Mas para ti ni son oscuras las tinieblas
y la noche es luminosa como el día." (Sal 139, 7-12)

Pero nosotros no estamos aparte de nuestro Creador, en algún espacio diferente. No es que Dios "esté allá" y "nosotros acá", así no seamos partes físicas de Dios, sino que Dios actúa en nosotros. Así, de otra forma, Dios está en todas partes. Como dice la Biblia:

"Dispuso armoniosamente las obras maestras de su sabiduría, tales como han sido siempre y lo serán; no ha recurrido a ningún consejero; nada podría añadírseles o quitárseles. ¡Qué hermosas son todas sus obras¡; qué encanto contemplar hasta la más pequeña chispa! Todo eso vive y dura para siempre, todo obedece en todo momento. Todas las cosas van de a par, una enfrentando a la otra; el Señor no ha hecho nada imperfecto. Una destaca a la otra: ¿quién se cansará de contemplar su gloria?" (Sir 42, 21-25) 

En ese sentido, Dios sí está en nosotros, pero como fuerza que nos mueve hacia El. Y así mismo Dios se comunica con toda la creación en cuanto perfección reconocible. Dios está en todas las cosas en cuenta ellas son efectos de su voluntad, como el quemarse es efecto del fuego (como diría Santo Tomás). Por eso a Dios se le llama "…el Señor de todas las cosas…" (Est 13, 11). 

"Todo lo que se puede conocer de Dios lo tienen ante sus ojos, pues Dios se lo manifestó. Lo que Él es y que no podemos ver ha pasado a ser visible gracias a la creación del universo, y por sus obras captamos algo de su eternidad, de su poder y de su divinidad." (Rm 1, 19-20) 

En el caso de nosotros, hechos a imagen y semejanza del Altísimo (Ex 1, 26), hay además un movimiento hacia Dios, como explica Pablo:

"En realidad no está lejos de cada uno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos, como dijeron algunos poetas suyos: "Somos también del linaje de Dios." (Hc 17, 28)

Y agrega Pablo:

"Pues Dios es el que produce en ustedes tanto el querer como el actuar para agradarle." (Fil 2, 13) 

Pero lo anterior no elimina la libertad de los seres que tienen voluntad, y cada cual es dueño de su destino. "Delante de los hombres están la vida y la muerte, a cada uno se le dará lo que ha elegido." (Sir 15, 17) La muerte está en rechazar las fuerzas que Dios ha puesto en nosotros:

"Y Dios es el que nos da fuerza, a nosotros y a ustedes, para Cristo; él nos ha ungido y nos ha marcado con su propio sello al depositar en nosotros los primeros dones del Espíritu." (2 Co 1, 21-22)

Justamente, en el caso de los demonios, aunque su naturaleza proviene de Dios, su perdición tiene origen en su libre y errada elección. Los demonios, por causa de su absoluta maldad, han arrancado de su ser todo vestigio de la fuerza de Dios que nos mueve al bien, de modo que ya en ellos no hay presencia de Dios sino ausencia. 

"La Escritura habla de un pecado de estos ángeles (2 P 2,4). Esta "caída" consiste en la elección libre de estos espíritus creados que rechazaron radical e irrevocablemente a Dios y su Reino." (Catecismo 392)